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Una historia de Navidad

Hace mucho tiempo el emperador Augusto envió a todos a empadronarse, entre ellos a José y María. Entonces José cogió  a su burrito y dijo a María: “María debemos emprender el camino a Belén”.

Caminito, caminito, caminito de Belén,

Va María en su burrito, va María y José

Va María delante y José va detrás

Y en el medio va el burro cataplín, cata plito plan (Canción)

El camino era largo y difícil, las piedras del camino lastimaban los pies de María con sus aristas y sus ángulos, María casi no podía continuar. Cuando  una lágrima de dolor, broto de los ojos de María, del cielo bajó el Ángel y transformó todas las piedras, duras y angulosas, en suaves y finos cristales, por donde pudo pasar María, pasó José y pasó también el burrito.

A poco andar llegaron a un río, un río torrentoso y caudaloso. El burrito puso la pata pero el agua estaba demasiado fría para él también. Entonces María se arrodillo delante del río y susurró con voz suave: “Río querido río, déjanos pasar. Río querido río, regálanos un puente”, de hielo cristalino el río un puente regaló, firme y transparente, por donde pudo pasar María, pasó José y pasó también el burrito.

Al llegar a Belén la noche era oscura y fría. María estaba a tiempo de dar a luz y no tenía lugar.

Un posadero de buen corazón. ofreció a María todo lo que tenía, un pobre y pequeño establo con un buey y  ovejita.

Al sonar las doce de la noche, justo cuando el gallito cantó, del cielo bajó el Ángel y dejó en los brazos de María al amado niño.

El corazón de María se alegró grandemente y las estrellas en el cielo brillaron más que nunca.

Los pastores también se alegraron y al niño con presentes visitaron.

Vamos a Belén pastores

Que ha parido una  pastora

Un niño que es una flor

Y ella de contenta llora (Canción)

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